Viernes, 08 de enero de 2016

Fragmento de un discurso de El Che

15 de Agosto de 1964

Che“...si ustedes me permiten, les voy a «empujar» un pequeño versito. ¡No se preocupen, porque no es de mi propia inspiración, como se dice! Es un poema -nada más que unos párrafos de un poema- de un hombre desesperado; es un poema escrito por un viejo poeta que está llegando al final de su vida, que tiene más de 80 años, que vio la causa política que defendiera la República española caer hace años; que desde entonces siguió en el exilio, y que vive hoy en México. En el último libro que editó hace unos años tenía unos párrafos interesantes.

Decía así:

... Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido que ha convertido el trabajo en una sudorosa jornada, convirtió el palo del tambor en una azada y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo, se puso a cavar...

Y después decía -más o menos, porque no tengo muy buena memoria:

Quiero decir que nadie ha podido cavar al ritmo del sol, y que nadie todavía ha cortado una espiga con amor y con gracia.

Es precisamente la actitud de los derrotados dentro de otro mundo, de otro mundo que nosotros ya hemos dejado afuera frente al trabajo; en todo caso la aspiración de volver a la naturaleza, de convertir en un fuego el vivir cotidiano. Pero, sin embargo, los extremos se tocan, y por eso quería citarles esas palabras, porque nosotros podíamos decirle hoy a ese gran poeta desesperado que viniera a Cuba, que viera cómo el hombre después de pasar todas las etapas de la enajenación capitalista, y después de considerarse una bestia de carga uncida al yugo del explotador, ha reencontrado su ruta y ha reencontrado el camino del juego. Hoy en nuestra Cuba el trabajo adquiere cada vez más una significación nueva, se hace con una alegría nueva.

Y lo podríamos invitar a los campos de caña para que viera a nuestras mujeres cortar la caña con amor y con gracia, para que viera la fuerza viril de nuestros trabajadores cortando la caña con amor, para que viera una actitud nueva frente al trabajo, para que viera que no es el trabajo lo que esclaviza al hombre sino que es el no ser poseedor de los medios de producción...

La poesía que El Che no recordaba completa dice así:

 

La rosa de harina

 León Felipe

Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido 
que ha hecho del juego una sudorosa jornada. 
Ha convertido el palo del tambor 
en una azada, 
y en vez de tocar sobre la tierra una canción de júbilo 
se ha puesto a cavarla. 
¡Si supiésemos caminar bajo el aplauso de los astros 
y hacer un símbolo poético de cada jornada! 
Quiero decir que nadie sabe cavar al ritmo del sol 
y que nadie ha cortado todavía una espiga 
con amor y con gracia. 
Ese panadero, por ejemplo, ¿por qué ese panadero 
no le pone una rosa de pan blanco a ese mendigo hambriento 
en la solapa?


Publicado por quitomilenario @ 12:21
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